Arquitectura religiosa
Parroquia de San Miguel
Historia
El origen conocido de la parroquia de San Miguel se remonta a los primeros años del siglo XVI, al desgajarse, por iniciativa de los vecinos, de la de Santa María Magdalena de Arrigorriaga. Antes de conseguir esa categoría de parroquia, existió como ermita dependiente de la mencionada iglesia, si bien no es posible saber cuándo se fundó como tal Desde un principio se colocó bajo la advocación de San Miguel Arcángel, cuyo nombre adoptó también la anteiglesia.
Es curioso que Pascual Madoz, en su Diccionario publicado en 1846, dé como de nominación de ésta "Basauri o San Miguel de Artunduaga" Normalmente parece que este autor tenía buenos informantes, y, en general, sus datos son bastante fiables. Sin embargo, no es el comentado el único raro referido a Basauri: cita, una ermita, además de la de San Fausto, que sitúa correctamente en Ariz, otra dedicada a San Buenaventura, que ubica en Artunduaga. Esta ermita no la hemos visto mencionada en ningún a otra documentación, ni la memoria popular guarda recuerdo de ella, si bien Gurutzi Arregi también la cita, probablemente basándose en el mismo Madoz El resto del capítulo dedicado a Basauri es, en cambio, correcto.
Las primeras noticias documentales del funcionamiento de San Miguel como parroquia son de mediados del siglo XVI. Se trata de una escritura de 1546 que proporciona datos de gran interés para conocer el derecho de los vecinos a elegir párroco y cabildo de dos eclesiásticos, "conforme a la costumbre antigua y uso e posesion inmemorial que habian y tenian" Este derecho comunal era contestado por los Abendaño, patronos de la parroquia. Sin embargo, en la información que sobre la iglesias del Señorío ordenó hacer Felipe 11, los testigos dicen no saber en qué derechos se basaba esa familia para de- tentar el patronazgo.
El asunto fue motivo de discusión permanente. En 1748 Don Joseph Ramón de Castaños y Doña Francisca Luisa de Salazar, patronos de Begoña y Marqueses de Vargas, propietarios de la Torre de Artunduaga, junto con los vecinos de Basauri, defienden sus derechos frente a los Marqueses de Mejorada, en aquellas fechas patronos llevaderos de los diezmos de la anteiglesia, como sufragánea de la de Santa María Magdalena de Arrigorriaga. Estos pretendían que sus derechos incluían la presentación de beneficiados. Los vecinos de Basauri, por su parte, argumentan: "Esta referida noble Anteiglesia y sus vecinos propietarios han tenido y tienen en todo tiempo y siempre jamas la regalia, autoridad y derecho de nombrar como hasta aqui an nombrado perpetuamente dos o mas capellanes sacerdotes adnutum y sacristanes eclesiasticos y seculares para el servicio y asistencia de la nominada Yglesia Parroquial del señor San Miguel como fundadores de ella" .
Aunque se reconozca la Iglesia parroquial como de Patronato Real, en 1810 la perceptora era la Marquesa de Mejorada. Sobre el derecho a presentar beneficiados, en observancia a la costumbre que ha habido hasta ahora, se mantenía el pleito pendiente en la Real Camara con dicha Señora por los vecinos de la anteiglesia y el Señor Marqués de Bargas, Patrón de Begoña. En 1826 aún continuaba y para atender a los gastos que originaba, el ayuntamiento obtuvo 3.300 reales a censo del propio Marqués de Vargas.
Los candidatos a curas de San Miguel debían ser naturales de la anteiglesia. Pero a pesar de las precauciones y el cuidado de los vecinos al elegir a sus directores espirituales, una vez de estar desempeñando sus funciones, en ocasiones no les satisfacían. No vacilaban, entonces, en entablar contra ellos las necesarias acciones legales, o no tanto.
En 1705 era cura, beneficiado y capellán de San Miguel el licenciado Domingo de Ojanguren. Sus feligreses, descontentos con él y aprovechando su ausencia, le desalojaron de la casa que ocupaba para dársela a otro, lo que provocará las iras del cu- ra y su reacción, entablando un pleito contra Don Francisco Antonio de Salazar y otros vecinos (10).
Ese mismo año, Martín de Ereñogoitia le acusa de retener los libros de la Cofradía del Rosario. Las declaraciones de los vecinos en la encuesta subsiguiente le muestran como malversador de los fondos eclesiásticos, incumplidor de sus funciones -llegando a meter mulas paja en la iglesia, que entorpecen los oficios-, y así como de sus votos, por convivir con una mujer.
No desatendía, en cambio, sus propios asuntos económicos, ya que ejercía como tratante de ganado y prestamista. Hemos querido poner este ejemplo para dejar constancia de cómo los vecinos de Basauri se defendían de la s arbitrariedades, aun- que proviniesen de un clérigo de su parroquia.
Este caso es, sin duda, extremo, pero no único. En 1748, Don Joseph de Olarttecoechea, clérigo presbítero y capellán de una de las dos beneficiales, sacristán y párroco de San Miguel, hizo recurso al Tribunal del Provisor del Obispado de Calahorra para reclamar el arreglo de la casa cural, propiedad del concejo, porque "por su antigüedad se hallaba mal tratada y con urgente necesidad de reparos con especialidad en su tejado, cocina, escalera y otras cosas".
Los vecinos se comprometieron a arreglarla, pero no lo hicieron enseguida, y el Provisor ordenó que se tomasen las medidas oportunas en el plazo de 24 horas, bajo pena de excomunión mayor. El fiel responde que no era costumbre en la anteiglesia reunir a los vecinos un día laborable. Entretanto, el cura reúne a los vecinos más próximos, y bajo amenaza de excomunión, les hace comprometerse.
Reunidos todos los vecinos al día siguiente, el 21 de Septiembre, acuerdan: "la dha. casa hizo fabricar estta dha. Anteyglsia sus fieles y vecinos en ttiempo que se hallaron con algunas combeniencias propios y renttas mui benttajosas y tteniendo sus curas Parrochos que asistían a dha. Yglesia y sus feligreses con la puntualidad [...] y sir- cunsttancias nesesarias al pastto espiritual que ttanto apettecen les dieron volunttariamente y sin obligacion alguna la dha. casa" (12) Como contrapartida, el que disfrutaba de ella, sin renta, debía mantenerla en buen estado y, además, en ocasiones especiales quedaba a disposición de los fieles y vecinos parte de la misma: "su balcon, escalera y de mas que les a parecido en las corridas de toros y demas funciones".
Por tanto, en ese momento deciden que, una vez arreglada, si Don Joseph de Olarttechoechea quiere vivir en ella, deberá ajustarse a pagar una renta, dando como excusa que en ese momento la anteiglesia está "con ttan cortas renttas i medios que no alcanzan para subenir a sus precisos gastos y urgencias". Es decir, dejan claro que si los curas anteriores han gozado de la casa, sin pagar ninguna renta, ha sido por una gracia voluntaria de la anteiglesia.